Por qué tengo a una señora que me ayuda con la limpieza

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Empecé a vivir sola a los 24 años, cuando me salí de casa de mis papás y me mudé a una nueva ciudad. No es lo mismo ayudar a mamá y papá que valerse por uno mismo. A todos nos pasa, tarde o temprano tenemos que conocer a la vida en su cruda realidad... (música triste de violines).

Y pasé 5 años haciéndome cargo de la limpieza de mi hogar yo sola.

Digo, yo sola cuando estuve sola, que fueron 3 años. Después viví con una amiga-roomie por 2 años y con ella me repartía la tarea. Pero cuando me tocaba a mí, lo hacía yo sola. Y cuando no me tocaba a mí hacer las áreas comunes, por lo menos sí tenía que hacer mi habitación y baño.

Era una verdadera molestia porque mi trabajo siempre ha sido de horario completo: todo el día, todos los días. Así que al principio, el único momento que podía dedicarme a la casa era en mi día de descanso (más música triste de violines), una vez a la semana.

No lo estoy escribiendo como si fuera la más grande víctima de la historia, sé que muchísimas personas pasan por lo mismo. Tal vez la mayoría. Así que todos estarán de acuerdo conmigo con que es horrible no poder tener un día de descanso pleno. Y es increíble cómo queda la casa si uno se da el lujo de decidir no hacer la limpieza un día y esperar a la semana siguiente. ¿Cómo puede juntarse tanto polvo y suciedad en una semana???

No recuerdo exactamente cuánto tiempo me la pasé así, hasta que decidí que los domingos eran para disfrutarse y me propuse a hacer la limpieza los jueves después del trabajo. Ya cuando terminaba estaba exhausta y casi de madrugada, y es que tampoco soy muy veloz.

Un día una amiga me dijo: "¿por qué no contratas a alguien que te haga la limpieza? Te lo mereces, me parece absurdo que la tengas que hacer tú si trabajas tanto". Es una amiga de más edad que yo, por lo tanto de mayor experiencia en la vida.

Sinceramente, nunca había considerado esa opción. Y aún cuando me dio la idea la descarté. Mi pretexto fue que mejor me ahorraba ese dinero y lo seguía haciendo yo.

El tiempo pasó...

De repente un día, doña Mary que es la señora que hace la limpieza en mi trabajo, entró a mi oficina y me dijo: "Srita. Mar. Se me presentó un problema económico muy grande. Por favor, si conoces a alguien que necesite ayuda de limpieza en su casa, recomiéndame. Yo no necesito que alguien me preste dinero. Lo que necesito es poder ganármelo con trabajo".

Me conmovió ese día y me vuelve a conmover ahora que lo escribo. Qué lección de doña Mary, qué mujer. Qué inteligente y bien organizada en sus finanzas, porque para muchos lo más fácil es pedir prestado sin analizar que sus entradas de dinero no serán suficientes para pagar después (lo que se puede convertir en una peligrosa bola de nieve).

No necesito que me presten dinero, necesito ganármelo, necesito que me den trabajo. Necesitaba que alguien le diera trabajo adicional al que ya tenía, pues como mencioné antes, ella ya tenía trabajo. Era compañera mía. Entonces ese trabajo adicional lo haría en las tardes-noches, o bien los domingos.

La oportunidad se me presentó así y venía de una persona que lo requería. Por supuesto le dije que viniera a mi casa.

Dejó impecable mi departamento.

Eso fue hace un año y medio. Recién empezábamos a vivir juntos Mr. B y yo. Doña Mary lleva un año y medio ayudándonos con la limpieza de la casa, viene una vez a la quincena y ella solita administra su trabajo para que todo esté siempre limpio: a veces limpia a profundidad la cocina y al resto del departamento le da sólo mantenimiento, o a veces le toca al baño la limpieza profunda, o a veces en donde centra su energía es en las ventanas y espejos, etc.

En las semanas que no le toca venir a Doña Mary, ya nosotros sólo le damos una ordenadita y una barridita para que no se acumule el polvo. No necesitamos hacer mucho más porque ella deja todo bastante bien.

No sólo me ayuda a mí. Varios compañeros la llevan a su casa, sabemos que podemos dejarla sola y confiar en ella.

Just for the record, no necesitó mucho tiempo para superar el gran problema económico que tenía. Ahora sus trabajos adicionales le dan un extra con el que puede vivir holgadamente y ahorrar.

Una historia que me pareció buen tema para el blog porque es parte del concepto comodito mood: vivir en un santuario limpio y acogedor, pero también vivir simple. Y para vivir simple a veces se requiere de ayuda.

Es una decisión personal acceder a tener apoyo para la limpieza del hogar. Hay a quienes les gusta hacer las tareas domésticas por uno mismo, por diferentes motivos y todos válidos. Sin embargo a las personas que sí les gustaría tener a alguien externo que les haga el quehacer pero tienen dudas y no se han atrevido, o simplemente nunca lo habían pensado, yo les sugeriría se den la oportunidad. A su vez estarían apoyando económicamente a alguien que lo necesita.

Tal y como sucede con doña Mary: es una ayuda recíproca y el agradecimiento es mutuo.

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Doña Mary posando para el blog.



2 comentarios:

  1. Yo también lo veo así, es una manera de generar empleo!
    Gracias por tu artículo.

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